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Peli |
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Por la libertad de Mario Rojas 30 de marzo de 2007 |
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Traficantes
internacionales de drogas se aprovecharon de los servicios profesionales y
la buena fe del guía de turismo de aventura Mario Rojas para involucrarle
en un intento de pasar ocho kilos y medio de cocaína por la aduana de
Santa Elena de Uairén hacia Brasil. Mientras los verdaderos criminales
culpables están en libertad debido a la negligencia de funcionarios públicos
fronterizos, Mario está encarcelado desde hace casi cuatro meses como
sospechoso de tráfico de drogas en el penal “Vista Hermosa” de Ciudad
Bolívar, uno de los más violentos y peligrosos de Venezuela. Mario
Rojas es un militante revolucionario chileno que llegó a Venezuela hace más
de treinta años escapando de la dictadura de Pinochet. Reside desde hace
décadas en el sur del país, donde ha dado reiteradas muestras de su
honestidad a toda prueba y de su desinteresado espíritu de servicio
social. En Ciudad Guayana trabajó para la CVG y para el Banco del Libro
en programas sociales. Durante su estadía en el poblado El Paují organizó
la escuela de la localidad y enfrentó valerosamente los desmanes
perpetrados en la zona por los garimpeiros. Le incendiaron la casa que él
y Cristina, su esposa, construyeron a pulso y les propinaron una paliza
que le envió meses a un hospital al borde de la muerte. Una vez
recuperado se mudó a Santa Elena de Uairén, donde trabaja desde hace años
para la empresa de turismo de aventura New Frontiers, origen impensado de
sus tribulaciones actuales. Durante un breve período también fue
Director de Turismo de la Alcaldía de Santa Elena de Uairén. La
celada A
fines de septiembre de 2006, la empresa hizo un contrato a través de su página
web para realizar un tour por la Gran Sabana a una pareja de supuestos
turistas extranjeros. Mario Rojas se hizo cargo de la pareja a su llegada
a Puerto Ordaz. Los supuestos turistas se presentaron como un matrimonio,
ella de nacionalidad colombiana y él ciudadano español. El viaje turístico
se hizo tal como fue acordado hasta finalizar sin novedad en Santa Elena
de Uairén, en la frontera con Brasil. Una vez cancelada la factura, la
colombiana viaja a Caracas y el supuesto español informa que debe viajar
a la ciudad fronteriza brasileña Boa Vista, para regresar a Santa Elena
en unos días. Le pide a Mario que le guarde una de las dos maletas que
cargaba por no necesitarla en Boa Vista. Mario accede, como cosa
absolutamente normal en este tipo de actividad, y además le arregla el
transporte a la ciudad brasileña con un taxista brasileño de una de las
líneas de la ciudad. Transcurridos
tres días, el supuesto turista le llama desde Boa Vista para que contacte
al mismo taxista brasileño que le hizo el viaje. Realizará una práctica
de buceo no programada y resulta que la maleta en custodia en Santa Elena
contiene los implementos necesarios. Mario solicita al ciudadano español
que le haga la petición por escrito vía correo electrónico, para tener
una constancia de la autorización del propietario para mover la maleta.
Una vez recibido y archivado el documento electrónico, contacta a un
vecino brasileño y le ofrece la carrera, que éste no acepta por tener su
automóvil dañado. Entonces recurre al taxista brasileño de la primera
carrera y le entrega la maleta, todavía envuelta con los plásticos de
seguridad que colocan en los aeropuertos. El taxista tuvo en su poder el
equipaje desde las 8 de la tarde hasta las 7 de la mañana del día
siguiente, hora en que el equipaje es revisado en la aduana con equipos
sofisticados y son detectados ocho kilos y medio de cocaína ocultos en el
envoltorio hermético de un equipo de buceo. El chofer brasileño y un
acompañante que le había “pedido la cola” son detenidos en el acto.
Mario es contactado para advertirle que hay un problema con la maleta. Se
presenta de inmediato en el comando de la Guardia Nacional para
informarse, quedando detenido como sospechoso del delito de tráfico de
drogas. En el momento de su detención, el taxista y su acompañante habían
propuesto a la Guardia Nacional que los dejaran seguir en compañía de la
Federal Brasileña para hacer entrega de la maleta, y así capturar al
verdadero culpable, lo cual no fue aceptado por los funcionarios. No
obstante, la Guardia Nacional notifica a la policía brasileña, que
detiene al narcotraficante internacional en un hotel de Boa Vista. Sin
embargo, el supuesto turista es dejado en libertad a las veinticuatro
horas porque las autoridades de Santa Elena de Uairén no cumplen con los
requisitos formales de solicitud de detención para proceder a la
deportación. El español viaja de inmediato en un autobús a Manaos,
donde es esperado para detenerlo nuevamente, pero desaparece en medio de
la ruta. Al investigar sus datos filiatorios y los de su supuesta esposa,
se demuestra rápidamente que la documentación que portaban es
completamente falsa. El
calvario Esa
misma noche los detenidos son trasladados a Puerto Ordaz a una audiencia
preliminar, en la que la jueza del caso decide dejar detenidos a los dos
brasileños y le da libertad cautelar a Mario Rojas, ya que no encuentra
motivos para dejarlo detenido, y fija audiencia para el día 16 de
diciembre. El día 15 de diciembre de 2006, un día antes de la audiencia,
Mario se presenta al juzgado para presentar el abogado que lo representaría,
pero inesperadamente queda detenido de inmediato por orden de la jueza,
que supuestamente accedió a una petición de los abogados de los dos
brasileños imputados. Los abogados, asignados al caso por el Consulado de
Brasil en Santa Elena, argumentaron que Mario debía ser considerado el
sospechoso principal, ya que el vecino taxista y su esposa, ambos brasileños
y que nunca vieron el equipaje, habían declarado que ellos sospecharon
que había droga en la maleta, razón por la cual se habría negado a
hacer la carrera con la excusa de tener el carro dañado. La declaración
de los vecinos brasileños se produjo 18 días después de los sucesos en
la aduana, y luego ambos regresaron abruptamente a Brasil, arguyendo los
riesgos inherentes a su permanencia ilegal en el país. Un argumento
adicional para justificar la detención fue aportado por el fiscal a cargo
del caso. Según este funcionario público desplazar correos electrónicos
recibidos de una carpeta a otra, tal como se hace en la empresa New
Frontiers con la información relacionada con cada cliente de la empresa, tipificaría
un cargo de “obstrucción a la justicia”, ya que técnicamente ¡no
sería posible seguir la pista electrónica de los correos movidos! El
día 23 de Febrero de 2007 se realizó la segunda audiencia. El Dr. Félix
Castro, abogado contratado por los numerosos amigos de Mario Rojas en
Puerto Ordaz, logró que la jueza retirara el absurdo cargo por
“obstrucción a la justicia” invocado por el fiscal y que desechara la
acusación, obviamente gratuita y subjetiva, de los testigos brasileños
esfumados en Brasil. No obstante, confirmó su decisión de mantener a
Mario detenido hasta el juicio. Ahora bien, para que el juicio llegue a
realizarse primero es necesario un sorteo del juez o la jueza que tomará
la causa, que aun no se ha llevado a cabo. Una vez escogido el magistrado
o magistrado, la ley le concede dos
años de plazo para fijar la fecha del juicio. Por tanto Mario Rojas,
compañero consecuente; amigo ejemplar; trabajador social empedernido;
honesto a carta cabal; padre de familia ejemplar y pobre de solemnidad ¡podría
pasar dos años recluido en una de las cárceles más sórdidas de
Venezuela esperando el juicio! ¡Una condena anticipada y un calvario para
su esposa e hijos! Mario Rojas necesita urgentemente nuestra solidaridad. Su esposa Cristina y sus hijos necesitan nuestra solidaridad. Mario Rojas no es culpable de delito alguno. Mario Rojas es inocente y víctima de la negligencia de los funcionarios públicos que han tenido que ver con su caso. Mario Rojas debe ser liberado. Es necesario levantar nuestras voces solidarias para que la razón y la justicia se impongan. Solicitamos a todas las personas y organizaciones que se hayan persuadido que Mario Rojas no tiene por qué estar sufriendo este calvario, que hagan lo que puedan desde sus esferas de competencia, presionando para lograr que se sortee de inmediato el juez y que éste fije la fecha para el juicio para ya mismo. ¡Ni un día más de cárcel injusta para un inocente! El caso lo instruye el fiscal Rodolfo Alejandro Seekatz Rojas, fiscal V del Ministerio Público de Drogas, y el número de expediente es el 4C4143. 31 de marzo de 2007 Por fin se constituyó el tribunal para juzgar a nuestro amigo y compañero Mario Rojas, exiliado chileno consecuente, honesto a toda prueba, venezolano desde hace décadas, injustamente detenido con un cargo de tráfico de estupefacientes en una de las prisiones más sórdidas de Venezuela. El Juez designado es ARGENIS MEZA, del tribunal Quinto de drogas de Puerto Ordaz, y el número del expediente fue cambiado a 5M1017. Ahora lo importante es que se fije la fecha del juicio para ya. Agradecemos a todos los que puedan hacer algo para lograr que el juez lo haga que se muevan. Mario es inocente. Mario debe ser liberado. ¡Que el magistrado Meza fije la fecha cuanto antes! |